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Grecia apuesta por extraer gas para Europa y se topa con el Pacto Verde

Grecia apuesta por extraer gas para Europa y se topa con el Pacto Verde

Desde hace años se habla de extraer gas y petróleo y de importantes existencias marítimas en esa zona de la cuenca mediterránea.

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Refinería
Karl-Josef Hildenbrand

Atenas.- La crisis energética y los esfuerzos de Europa por independizarse del gas ruso han reavivado la ambición de Grecia de explotar los ricos yacimientos del Mediterráneo oriental, un proyecto que se antoja una quimera y se topa con los objetivos del Pacto Verde.

Desde hace años se habla de extraer gas y petróleo y de importantes existencias marítimas en esa zona de la cuenca mediterránea.

Según el director de la Compañía Helena de Gestión de Hidrocarburos (EDEY), Aristofanis Stefatos, las reservas de gas en Grecia podrían ascender a 600 mil millones de metros cúbicos y las existencias al sur de la isla de Creta y en el mar Jónico podrían cubrir el 20% del consumo en la Unión Europea.

Con estas cifras prometedoras no es de extrañar que en plena crisis con Rusia el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, haya decidido reactivar un proyecto que parecía dormido.

La semana pasada anunció que se dará un nuevo impulso a las investigaciones de yacimientos de gas natural en seis zonas distintas de Grecia, con el objetivo de aclarar hasta finales del año próximo si existe viabilidad.

Sin embargo, las empresas internacionales inicialmente involucradas en estos proyectos ya parecen haber sacado sus conclusiones y, una a una, están abandonando Grecia.

El año pasado la española Repsol terminó de retirarse de tres proyectos en el mar Jónico y la estadounidense ExxonMobil y la francesa Total, que todavía mantienen en conjunto las licencias para la exploración de dos parcelas en Creta, parecen reticentes a avanzar en sus investigaciones sísmicas.

En declaraciones, el director de la oficina del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO) en Chipre y experto en geopolítica energética en el Mediterráneo Oriental, Harry Tzímitras, explica que uno de los motivos de esta retirada han sido los retrasos burocráticos y la lenta justicia griega.

La caída de la demanda de gas en Europa en los últimos años y las subidas de precios han hecho además que el gas del Mediterráneo Oriental dejara de ser competitivo para el mercado europeo, y, por ende, atractivo.

A todo ello se suma ahora otro gran obstáculo que impide que las empresas quieran invertir: el corto futuro que tienen las energías fósiles una vez que la Unión Europea ha decidido abandonarlas en 2050.

Un gasoducto congelado

En 2020, Grecia, Chipre e Israel firmaron un acuerdo "histórico" para la construcción del gasoducto East Med, con una longitud de cerca 2 mil kilómetros y capaz de transferir 10 mil millones de metros cúbicos al año desde las reservas de gas de Israel y Chipre hasta el continente griego, Italia y el resto de la Unión Europea.

Aunque el proyecto contó, en un principio, con el respaldo de Estados Unidos, a comienzos del año Washington retiró su apoyo con el argumento de que había decidido poner el foco en las energías renovables.

Desde su inicio hubo dudas sobre la viabilidad de este gasoducto, ya que el suelo marino entre Chipre y Creta por donde debe transcurrir tiene una profundidad de hasta 3 kilómetros, lo que podría disparar el coste de construcción hasta los 10 mil millones de euros, según han advertido geólogos y expertos en proyectos energéticos.

No obstante, según Tzímikas, la inviabilidad de este gasoducto, como también de otros que se están examinando en la actualidad en el Mediterráneo Oriental, no tiene que ver solo con su coste, sino también con las tensiones políticas de la región y las metas para la transición energética.

Cualquier gasoducto requiere un periodo de, al menos, cinco años de construcción y "después tendría que operar 20 años ininterrumpidamente para ser rentable y, sobre todo, para que tenga sentido comercial", recalca el experto.

Tomando en cuenta que la UE ha fijado el objetivo de llegar a la neutralidad climática en 2050, Tzímikas ve "muy difícil" que algún estado se comprometiera a firmar contratos a tan largo plazo con posibles inversores.

"La UE tendría que cambiar sus pactos sobre el cambio climático y eso no va ni debe pasar", sostiene.

El futuro es la electricidad

A diferencia del letargo de los proyectos gasísticos, se han encarrilado ya dos obras importantes y mucho menos costosas para la interconexión eléctrica: una entre Grecia y Egipto (Interconector EuroAfrica), y otra entre Grecia, Chipre e Israel (Interconector EuroAsia).

Los dos proyectos, que podrían empezar a operar en 2026, transferirían un total de 4 GW de energía "limpia" y "barata" a la Unión Europea desde Israel y Egipto, países que se han comprometido con las energías renovables.

Según Tzimikas, la Unión Europea debería apostar por estos proyectos para alcanzar el objetivo del Pacto Verde.

"El futuro es la electricidad y las energías renovables" porque no hay disputas entre estados respecto a su posesión, como ocurre con las fósiles, sentencia.

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