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Consejos para celebrar unas fiestas navideñas sostenibles

Consejos para celebrar unas fiestas navideñas sostenibles

En los últimos 50 años, el aumento vertiginoso del consumo humano nos ha conducido a una sobreexplotación de los recursos del planeta y a que la huella ecológica haya aumentado casi un 190%, lo que supone que casi se haya triplicado.

Es posible, deseable y amigable con el ambiente, procurar fiestas de fin de año sostenibles. Y lo es también para nuestra economía y para mostrarnos cálidos y afectuosos con quienes compartimos la casa, el trabajo o algún espacio social.

Tradicionalmente en Navidad, Año Nuevo y Reyes echamos la casa por la ventana: preparamos alimentos en demasía y también comemos opíparamente, lo que no conviene a nuestra salud ni a nuestro bolsillo, pero tampoco al medio ambiente; o elaboramos platillos con ingredientes importados desde miles de kilómetros, como el bacalao y ciertos mariscos enlatados, las aceitunas y alcaparras, los turrones, las frutas secas y algunos licores.

Tal vez hayamos vivido la experiencia de que los alimentos no caben en un refrigerador atiborrado o que por el exceso de platillos buena parte de la comida haya terminado en la basura. Esto representa una gran huella ecológica por el traslado de esa mercancía desde otros confines, además de los envoltorios plásticos, de cartón o metal con que son empacados.

Si hablamos de regalos, los hermosos papeles y sus moños con que vienen cubiertos terminan rotos y ajados en el bote más próximo de basura, y los propios regalos las más de las veces tienen una vida corta porque no corresponden a la personalidad, el gusto o la necesidad de quienes los reciben. Preguntemos qué les gustaría recibir y tal vez esté en nuestras habilidades elaborar ese regalo.

Mientras tanto, en el árbol de Navidad profusas luces intermitentes o fijas iluminan el espacio, y aunque resulta atractivo contemplar tanto foco encendido dentro y fuera de la casa, el medidor gira a toda velocidad hasta que en enero el recibo de pago nos hace despertar del sueño de colores.

Sin embargo, las descripciones anteriores pueden y deben cambiar. Así nos conviene a todos pues, según expertos, en los últimos 50 años, el aumento vertiginoso del consumo humano nos ha conducido a una (más que evidente) sobreexplotación de los recursos del planeta y a que la huella ecológica haya aumentado casi un 190%, lo que supone que casi se haya triplicado.

Las opciones

La organización ecologista Greenpeace recomienda para las fiestas navideñas un alumbrado menos deslumbrante, reutilizar la vieja decoración navideña en vez de estrenar año con año; con materiales reutilizables que hay en casa hacer nuestros propios y únicos adornos; solo si se necesita comprar algo, adquirirlo de artesanos locales, consumir productos del barrio o de los pueblos originarios y apoyar así a los mercados locales.

Obviamente, evitar los plásticos desechables y optar por materiales sostenibles como, barro, cartón, etcétera; reducir o evitar el uso de diamantina u otros productos parecidos que causan daño a los bebés y las mascotas o elaborar una con colorantes alimenticios, así como hacer confeti con papel de revistas.

En una pared podrías dibujar un gran árbol con gises de colores; desconectar los aparatos electrónicos cuando no se están utilizando, porque son vampiros del consumo energético, y si ya tienes un pino navideño de plástico u otro material, utilízalo, sugiere esta ONG internacional.

Si prefieres un árbol natural, recurre a los puntos de venta de nuestros productores nacionales que participan en las plantaciones forestales comerciales apoyados por la Comisión Nacional Forestal. Una vez concluida la temporada, puedes quitar las hojas de las ramas y guardar el árbol para que el año próximo puedas decorarlo con la ayuda de tu creatividad.

Si quieres mostrar generosidad con los tuyos el regalo puede ser un viaje ecoturístico a alguna de nuestras 185 Áreas Naturales Protegidas, como la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca, en el Estado de México o Michoacán, donde observarás la danza aérea de los lepidópteros naranja. Si deseas disfrutar el avistamiento de ballenas y delfines, trasládate a las Lagunas de Cabo San Lucas o de La Paz, Baja California Sur a vivir esta experiencia inolvidable.

Qué te parece visitar un pueblo mágico: Cuetzalan, en Puebla, por ejemplo, donde podrás recorrer grutas, ríos y cascadas, admirar las ruinas de Yohualichan y encontrar arte en cera, bordados que reproducen la naturaleza, cestería y café orgánico; Mitla, Oaxaca, con su legendaria zona arqueológica y cuevas prehistóricas con pinturas rupestres que ilustran la vida de los primeros agricultores de la región y que son Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 2010, además de que ofrece una gran variedad de textiles y de mezcales.

O, ve a Capulalpam de Méndez, en Oaxaca, donde podrás disfrutar de un baño de temazcal, acudir al Centro de Medicina Tradicional, acampar, ir por la montaña en bicicleta, entrar a las grutas de la Cueva del Arroyo y disfrutar de una gastronomía exquisita, entre otras actividades.

Podrías también visitar Chignahuapan, Puebla, entre el 25 de noviembre y el 4 de diciembre, donde verás a los artesanos de más de 200 talleres elaborar las esferas navideñas y otros motivos de temporada, como campanas, ángeles, árboles de Navidad, y adquirir cuanto requiera la decoración de tu hogar.

Si de esferas se trata, también puedes acudir al pueblo mágico de Tlalpujahua, al oriente de Michoacán, para conocer la habilidad artesanal en la elaboración de las esferas de vidrio soplado, así como el arte plumario y la artesanía de cantera. Aquí la Feria Anual de la Esfera se extiende hasta el 17 de diciembre, y puedes elegir adornos navideños entre 170 puestos.

Son muchas las opciones ecológicas en nuestro territorio nacional, para repensar las fiestas navideñas y darle un giro ecológico en vez de encerrarnos en un gran centro comercial para gastar y gastar, y a veces contraer deudas por compras de productos que no siempre necesitamos.

Ir al reencuentro con la naturaleza e incentivar las economías locales mediante la compra de productos artesanales, el hospedaje en cabañas o el disfrute de una tirolesa, una jornada de senderismo o un chapuzón bajo una cascada, o simplemente contemplar un hermoso paisaje, sin duda nos devolverá la paz que muchas veces se ausenta en las ciudades y puede ser la mejor temporada de Navidad que hayamos pasado nunca.

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