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Manglares, claves para la protección de las comunidades costeras

Manglares, claves para la protección de las comunidades costeras

Los manglares contribuyen al bienestar, la seguridad alimentaria y la protección de las comunidades humanas costeras de todo el planeta es crucial proteger estos valladares costeros megadiversos que brindan seguridad alimentaria a miles de especies y millones de personas.

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Manglar
Vista de manglar. Conafor

Aunque cada vez son menos abundantes, los manglares sobreviven en 125 naciones y territorios del mundo, entre ellas México, y a pesar de representar solo el 1% del total de los bosques tropicales y el 0.4% de la superficie forestal mundial, conforman ecosistemas extraordinarios situados en la interfaz de la tierra y el mar de las regiones tropicales, y ofrecen a la humanidad una relevante gama de bienes y servicios.

Los manglares contribuyen al bienestar, la seguridad alimentaria y la protección de las comunidades humanas costeras de todo el planeta. Constituyen un universo complejo habitado por una asombrosa biodiversidad compuesta por otras miles de especies, como peces y crustáceos que encuentran ahí sus zonas de crianza, y que a su vez son alimento de ciervos, aves, canguros, monos, jaguares, reptiles, y muchos más, y ofrecen néctar a las abejas y otros polinizadores.

Entre el ramaje y las raíces flotantes que se anclan en las aguas salobres existe una importantísima cadena trófica multiplicadora que da sustento y proporciona alimento a millones de personas asentadas en las costas tropicales.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), los manglares son sumideros de carbono azul, es decir, capturan el carbono del suelo, las hojas, las ramas, las raíces, etcétera, por lo que una hectárea de manglar puede almacenar 3 mil 754 toneladas de carbono, equivalente a sacar de circulación 2 mil 758 coches durante un año. Por el contrario, si se destruyen se convierten en emisores de bióxido de carbono.

Además, explica el organismo multilateral, constituyen una defensa natural en las costas ante las mareas de tormenta, los huracanes, tsunamis, la erosión y aumento del nivel del mar, por lo que juegan un papel relevante en la disminución de la vulnerabilidad a los peligros naturales y el aumento de la resistencia a los efectos del cambio climático, pues tan solo una franja de manglares de 500 metros reduce de 50 a 99% la altura de las olas.

El ecosistema de manglar de México representa el 5% del total mundial y ubica al país en 4º lugar entre los 125 países y territorios que poseen este tipo de humedal que cubre apenas 0.4% de la superficie del país.

Entre 1970 y 1980 México registró 856,405 hectáreas de manglar, superficie que se redujo a 774,134 has en 2005 y a 764,774 has en 2010.

En 2015 el inventario de manglares del país, levantado por la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, documentó una ligera recuperación del ecosistema a nivel nacional: 775,555 has con una colonización parcial de manglar en nuevas áreas.

Sin embargo, con ojos de codicia algunos solo ven un filón mercantil en los manglares, sin que su mirada pueda advertir el daño que causan al ambiente y a las personas al talar esos asombrosos conjuntos vegetales. Alteran el paisaje al devastarlos y utilizar irracionalmente sus recursos, o incluso desecharlos como rastrojo. Su ausencia de compromiso planetario les impide percatarse de que sus acciones impactan de manera irreversible los entornos originarios y aniquilan la portentosa riqueza de esos ámbitos.

En los ecosistemas de manglar, que se clasifican entre los grandes generadores de vida, la avidez también ha detonado una industria camaronera desbocada desde finales del siglo pasado. Por fortuna, diversas comunidades apoyadas por organizaciones ambientalistas buscan evitar un mayor daño.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registra una pérdida superior al 50% de los manglares del mundo en los últimos 40 años, principalmente por la sobreexplotación de las granjas camaroneras en zonas de manglar.

Esta fue la razón que llevó al activista ambiental Hayhow Daniel Nanoto a emprender acciones de protesta, fue el 26 de julio de 1998 cuando murió de un paro cardiaco mientras se manifestaba por la operación de un estanque ilegal de camarones en la comunidad de Muisne, Ecuador.

Su deceso motivó a que las organizaciones civiles sin fines de lucro Ecologistas en Acción y Red Manglar Internacional pidieran en 2015 a la Conferencia General de la Unesco decretar el 26 de julio como Día Internacional de la Defensa del Ecosistema Manglar, propuesta que fue aprobada un año después.

Desde hace siete años, cada 26 de julio la Unesco destaca la importancia de la defensa del ecosistema de manglar porque es “único, especial y vulnerable, y porque su existencia, biomasa y productividad aporta importantes beneficios a los seres humanos, presta bienes y servicios a la silvicultura y la pesquería, contribuye a la protección del litoral y es particularmente importante para mitigar los efectos del cambio climático y la seguridad alimentaria.”

Recordemos no solo el 26 de julio, sino cada día, que el ecosistema de manglar es prioritario para la generación de alimentos, medicinas, recursos maderables, y también para proteger nuestras costas y a las comunidades que habitan esos entornos.

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